Naturaleza:

La arcilla es de tipo sedimentario, formada por fragmentos de otras rocas. Está formada por materiales arcillosos (silicatos y alúmina hidratada). Los principales minerales arcillosos son:

Arcilla caolinita: contiene un elevado porcentaje de alúmina para cerámica compacta.
Arcilla montmorillonita: poco utilizada.
Arcilla illita: son muy abundantes y las más utilizadas por sus propiedades plásticas.

Existen dos características fundamentales para la fabricación de materiales cerámicos con arcilla:

Plasticidad: que es la capacidad de formar una masa plástica, fácil de moldear cuando añadimos agua.
Comportamiento frente al calor: soporta muy bien el calor, y su acción lo convierte en un producto muy resistente y durable.

Las arcillas poseen agua en su interior, la cual tras el proceso de cocción desaparece. Una arcilla posee tres tipos de agua interior:
Agua de contracción: se encuentra entre las partículas cristalinas y se elimina a los cien grados centígrados.
Agua zeolítica: se encuentra intercalada en los vacíos de la red cristalina. Se elimina entre los trescientos y cuatrocientos grados centígrados.
Agua de constitución: forma parte de La estructura química y cristalina de la arcilla. Se elimina a los mil o mil doscientos grados centígrados, en la cual aún sigue siendo moldeable.

Lo que se designa comúnmente con el nombre de cerámica hace referencia a una pasta de arcilla y agua que se cuece.

Las variedades cerámicas dependen, por tanto, de los tipos de arcilla, de las proporciones en la mezcla, de la cocción y de la técnica utilizada. Las diferencias del esmalte con el que se cubre la pieza cerámica o la composición de la pasta da lugar a las distintas variedades: gres, terracota, porcelana, etc.

Los esmaltes sirven para decorar las piezas de cerámica. Si esta sustancia la cerámica no brilla, no tiene colores vivos, dibujos y otros motivos decorativos. Además, la pieza dura más porque le ofrece un revestimiento que la protege y favorece su limpieza e higiene. Los esmaltes se consiguen o bien por un proceso de bicocción, en el que el agua del esmalte se elimina por absorción, o por monococción, en la que el proceso es por evaporación.